Editorial · Inicio de año

2026 en el Fediverso: menos pureza, más personas

O por qué no vinimos aquí a ser mejores que nadie.

No empezamos el año con propósitos. Lo empezamos con ojeras, experiencia acumulada y una certeza bastante clara: no queremos repetir errores.

El Fediverso no es nuevo. Lo que sí es nuevo es el cansancio. El desgaste. La sensación de que, a veces, venimos aquí huyendo de algo… y acabamos reconstruyéndolo con otro nombre.

Este texto no es un manifiesto.
Es una toma de tierra. Un aterrizaje. Poner los pies en el suelo.

Lo que no hemos venido a hacer

No hemos venido a competir por quién es más coherente, usa el vocabulario más correcto o señala más rápido.

  • No hemos venido a convertir herramientas pensadas para cuidar en armas para humillar.
  • No hemos venido a usar la descentralización como excusa para la crueldad.
  • No hemos venido a confundir “es público” con “todo vale”.

Tampoco hemos venido a jugar a jueces permanentes de personas reales, con vidas reales, errores reales y contextos que no caben en una captura de pantalla.

El problema no es el conflicto

El conflicto es inevitable cuando hay personas. Lo problemático es qué hacemos con él.

Cuando el conflicto se convierte en espectáculo. Cuando se archiva, se amplifica y se descontextualiza para ganar un punto moral. Cuando deja de ir de resolver algo y pasa a ir de demostrar quién tiene razón.

Ahí ya no estamos cuidando una comunidad.
Estamos comiéndonosla viva.

Lo que sí defendemos

  • El contexto antes que la captura.
  • El cuidado antes que el castigo.
  • La conversación antes que el bando.

Defendemos una moderación que acompaña, no que actúa como tribunal.

Pero también defendemos nombrar lo que está mal.
No mirar hacia otro lado.
No callarnos por el bien de nadie.

Entendemos que intervenir puede resultar molesto para personas que no tienen nada que ver con el conflicto. Lo sabemos. Lo tenemos en cuenta. Pero callarse no siempre es una opción.

Hay silencios que cuidan la convivencia, y hay silencios que protegen abusos. La diferencia está en cómo se habla, para qué y con qué cuidado, no en fingir que nada ocurre para mantener una falsa tranquilidad.

Hablar no implica señalar. Nombrar no implica destruir. Poner límites no implica buscar aplauso.

Elegimos intervenir cuando creemos que el daño es mayor que la incomodidad.

Y sí, a veces hay algo de espectáculo.
Porque somos humanas, porque hablar en público nunca es neutro y porque fingir solemnidad también es una forma de mentira.

Pero no archivamos, no descontextualizamos y no convertimos los conflictos en entretenimiento.

Porque el cuidado no es solo evitar ruido. A veces también es decir basta.

Descentralizar no es deshumanizar

Que algo sea federado no lo hace automáticamente ético. Que algo sea público no lo convierte en material reutilizable sin consecuencias. Que algo sea legal no lo vuelve justo.

La descentralización es una herramienta, no una garantía moral.

Lo que hace habitable una comunidad no es su arquitectura técnica, sino cómo se tratan quienes la sostienen cuando nadie está mirando.

Empezar el año así

2026 no va de hacerlo perfecto. Va de hacerlo vivible.

De aceptar que habrá roces, errores y días torcidos, pero que no todo desacuerdo tiene que acabar en linchamiento simbólico.

Si buscas un lugar sin conflicto, no existe.
Si buscas uno donde el conflicto no sea un deporte, estás en el sitio.

Despacio.
Con límites.
Con personas en el centro.

Y con menos pureza.
Siempre con menos pureza.

Deja un comentario